La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —¡Gran dificultad! exclamó la dueña. ¿Pues no os dicho que he oído yo misma una plática de mi ama con la camarera de doña Leonor, que fue quien acompañó a mi señora en la visita hecha a la hija del Adelantado? Melchora se retiró luego que hubo introducido a mi señora, y esta le refirió después los pormenores todos de la entrevista. Mi ama hilvanó una historia con la mayor habilidad, hizo creer a doña Leonor que Portocarrero la amaba y estaba comprometido a tomarla por esposa, y en prueba de su compromiso, le mostró el relicario, suponiendo haberle sido entregado por don Pedro, cuando en realidad lo tenía del herbolario, a quien Dios haya perdonado. Ahí tenéis explicada la enfermedad que padeció hace poco doña Leonor y su desvío de don Pedro; quien dicen se ha vuelto medio loco de la pesadumbre, sin que mi pobre ama haya recogido hasta ahora el fruto de su habilidad.
Calló la vieja y Rodríguez quedó profundamente pensativo. Sabía ya cuanto deseaba, y tenía cogidos todos los hilos de la intriga pérfida que la viuda había tramado contra doña Leonor y don Pedro de Portocarrero, su generoso defensor. Después de un momento de silencio, dijo Rodríguez a Margarita:
—¿A qué hora suele estar sola vuestra ama?