La hija del Adelantado
La hija del Adelantado En tanto se verificaban estos, y pasada la primera impresión de sorpresa que causó la noticia cierta de la muerte de Alvarado, los ánimos comenzaron a agitarse, manifestándose las ambiciones que el decoro y debido miramiento a las circunstancias, habían tenido disimuladas durante los dos o tres primeros días. En las casas, en las calles y aun en los templos, durante los oficios fúnebres, no se hablaba de otra cosa que del nombramiento del sucesor de don Pedro, pidiéndose la ciudad en diferentes bandos. Y sin embargo, cualquiera disposición que al efecto se tomase no podría dejar de ser provisional, en tanto proveía el Rey la plaza vacante por la muerte del Adelantado. Mas como eso no tendría lugar en algún tiempo y como, por otra parte, el que fuese nombrado provisoriamente tendría mucho ganado para ser provisto en propiedad, ponían grande empeño en aquella elección, que correspondía al Ayuntamiento. Agitábanse los candidatos y redoblaban las intrigas en torno de los siete concejales de cuyos votos dependía la designación del Gobernador. Deseaba el empleo don Francisco de la Cueva, que parecía con mejores derechos que otros a obtenerlo, por la confianza que mereciera a su difunto hermano político, y contaba con el voto de algunos de los capitulares. Pretendíalo el Tesorero Castellanos, y no faltaban otros candidatos, con más o menos probabilidades de buen éxito.