La hija del Adelantado
La hija del Adelantado El Secretario del Gobernador, Diego Robledo, a quien dejamos en nuestro último capítulo abrumado bajo el peso del homicidio que había cometido involuntariamente, a causa de la grande imprudencia con que empleó el filtro que encontró en el escritorio del herbolario, permanecía encerrado en su casa, impresionado vivamente por la muerte de Agustina, aunque sin parecer acordarse de la recomendación de ésta, de procurar la libertad de Pedro Rodríguez. Cuando Robledo tuvo conocimiento de la noticia comunicada por el Virrey de México, haciendo un grande esfuerzo sobre sí mismo, se levantó de la cama, y debilitado como estaba por la calentura, fue a conferenciar con el Teniente de Gobernador, cuyo partido abrazó desde luego con decisión, calculando ser el que mejor convenía a sus personales intereses. Avocose Robledo con los miembros del Ayuntamiento, y les hizo observar que don Antonio de Mendoza, en la carta en que participaba la desgraciada muerte del Adelantado, prevenía, en nombre del Rey, continuase en el mando de estas provincias el Licenciado de la Cueva, y que sería peligroso desairar aquella disposición del Virrey de Nueva España. Con ese y otros argumentos apoyó don Diego sus instancias, en tanto que los otros alegaban no estar en obligación de obedecer aquella orden, una vez que el Reino de Guatemala no dependía del Virreinato de México, y su Gobernador no había reconocido más superior que el Rey.