La hija del Adelantado
La hija del Adelantado No haremos una minuciosa descripción de aquellas funciones; bastando decir respecto a la Encamisada, que fue lucidísima, componiéndola unas cincuenta personas, entre damas y caballeros de la ciudad, que representaban personajes de diferentes naciones. Los trajes de lamas de oro y plata, los rasos de diversos colores, las puntas de oro de Milán, los joyeles de esmeraldas, las piedras preciosas y las vistosas plumas, adornaban con profusión mantos, sayos, sombreros y cinturones. Cada caballero llevaba cinco o seis lacayos, con lujosas libreas, los cuales conducían gruesas hachas de cuatro pábilos. Los caballos y sus jaeces correspondían al rico atavío de los amos. Precedía la brillante cabalgada multitud de indios vestidos con lujo, con cajas, clarines, atabales, trompetas, marimbas y otros instrumentos del país, y cerraban la marcha los mosqueteros y arcabuceros, con los cañones, o tiros como los llamaban entonces. Don Francisco de la Cueva vestía a la húngara, con peto dorado, mangas y calzón de encajes finos de celeste y plata sobre lama de oro, manto imperial de rengue verde con ramazón de oro sobre raso blanco y las vueltas de armiño con puntas volantes de plata. Montaba un magnífico overo de raza árabe, y la silla estaba bordada de oro sobre terciopelo carmesí.