La hija del Adelantado
La hija del Adelantado —Parece, en efecto, señor RodrÃguez, cosa de hechicerÃa; pero ¿quién puede haber jugado esa mala pasada al buen caballero ¿No es probable que el tornillo que dicen faltaba en el encaje de la visera, haya caÃdo casualmente, o se haya quebrado con el golpe que le dio con la lanza el Veedor Ronquillo
—No puede ser, replicó RodrÃguez; eso ha sido obra de encantamiento; creed a mi experiencia y acordaos de que suele decirse que más sabe el diablo por viejo que por diablo.
—¿Y qué decÃs, preguntó el caballerizo GarcÃa de Alvarado, del desaguisado que cometió el Veedor, hiriendo en el rostro a Portocarrero, después que habÃa caÃdo la visera Bien sabéis que eso está prohibido por las leyes de la caballerÃa.
—Asà es, contestó el mayordomo; pero se asegura que aquello fue también casual, no habiendo sido la intención de don Gonzalo herir a su adversario.
—Casual o no, dijo el despensero González, el Estafermo la ha llevado buena. Dicen que hoy ha amanecido con calentura de cuenta del porrazo que le dio don Pedro con el lanzón.
—Buen provecho le haga, dijo el paje de cámara Pérez. Ese Veedor no me la hace buena. ¿Y se sabe ya lo que hayan decidido los jueces del campo Supongo condenarán al Veedor.