La hija del Adelantado
La hija del Adelantado No fue poco lo que se sorprendió, don Pedro al escuchar aquellas palabras, pronunciadas en tono respetuoso, pero firme. Doña Leonor había heredado el carácter incontrastable de su padre; y delicada hasta el último extremo en materia de honor, como debía serlo una dama de aquel siglo caballeresco, no toleraba la idea de que se pretendiese humillar la altivez de su amante. Don Pedro reflexionó un momento, y luego con mucha calma y acento bondadoso, dijo:
—Hija mía; yo no puedo aprobar una inclinación que viene a echar abajo proyectos madurados por mi experiencia y por el entrañable afecto que te profeso. Mi hermano político hará tu felicidad; ese enlace, que doña Beatriz y yo hemos tratado, estrechará los lazos de las dos familias; y la nuestra, ilustre por sí, lo será aún más, mediante ese nuevo parentesco con una de las primeras casas de Europa.
—Señor, contestó la altiva joven; creo que la nieta de un monarca no necesita de alianzas para elevarse, y que para mi sangre, tanto vale un caballero español de la familia de los duques de Alburquerque, como otra de la de los condes de Medellín.