La hija del Adelantado
La hija del Adelantado Dicho esto, se levantó don Francisco, y despidiéndose de doña Beatriz, pasó al gabinete en que trabajaba Robledo, y aguardó a que concluyese con el Gobernador. Preocupado don Pedro por sus asuntos de familia, dio aquel día menos atención que la acostumbrada a los negocios del Gobierno; escuchando distraído la lectura de varias cartas y memoriales importantes, que el astuto Secretario sometió a la consideración de su señor, aprovechando la ocasión de obtener con poca dificultad lo que otra vez habría sido objeto de una meditación más detenida. Obtuvo para persas solicitudes un buen despacho, que sabía iba a ser generosamente retribuido por los interesados; y satisfecho con aquel triunfo, que dulcificaba en parte la amargura del desprecio con que lo había tratado un momento antes la hija del Adelantado, salió del gabinete del Gobernador y se dirigió al suyo, en donde tuvo con don Francisco de la Cueva la conversación de que daremos cuenta a nuestros lectores en el siguiente capítulo.