Areopagitica
Areopagitica Y si en tanto alguien escribe aportando mano servicial a esta despaciosa Reforma a la que rendimos nuestro trabajo, y como la Verdad le hubiere hablado antes que a los restantes o al menos pareciere romper a hablar, ¿quién no se habrá jesuitizado tanto que ya hostiguemos a ese hombre exigiéndole licencia para hecho tan levantado? Y ello sin considerar que, si de prohibir se trata, nada será más fácilmente vedado que la verdad misma, cuyo primer amanecer a nuestros ojos, empañados y obscurecidos por el prejuicio y el uso, es más deforme e inadmisible que muchos errores, del propio modo que no pocos grandes hombres son en su persona de traza fútil y despreciable a la mirada ajena. Y ¿a qué nos hablarán vanamente de nuevas opiniones, cuando la opinión de ellos, esto es, que nadie deba ser oÃdo sino quien les agradare, es la peor y más reciente de cuantas opiniones hay, ya causa primordial de tanto abundamiento de sectas y de cismas, y de que el verdadero conocimiento sea de nuestro alcance alejado; y todo eso sin contar con un peligro mayor que en tal práctica se encierra.