Areopagitica
Areopagitica Ni a Dios se le señala y demarca donde y desde qué lugar serán oídas las palabras de esos sus escogidos: porque Él no ve como viera el hombre ni escoge como el hombre escogería, a fin de que no nos entreguemos a buscar parajes y asambleas y llamados superficiales de hombres, enarbolando una vez nuestra fe en la antigua casa de la Convocación, y otra vez en la Capilla de Westminster; cuando toda la fe y religión que allí apareciere canonizada no bastará sin un convencimiento franco y esa caridad de la paciente enseñanza que trata con bálsamo la menor magulladura de conciencia, para edificar al cristiano más mezquino; y que desea pasar adelante en el Espíritu y no en la letra de la confianza humana, por más voces que allí resonaren, y hasta si el mismo Enrique VII con todas las tumbas vasallas que le rodean, las prestase, para nutrir su número, las voces de los muertos.