Areopagitica
Areopagitica La Areopagítica (nombre, como ya conoce el lector, derivado del que llevara el sumo tribunal ateniense, instalado en la colina dedicada al dios de la guerra: pues al dirigirse Milton al sumo tribunal inglés, se envuelve, por él buen parecer, en brocado renacentista), salió a luz en noviembre de 1644, un año antes de la batalla de Naseby. Regía los destinos de la nación la asamblea a quien Milton, en otra de sus obras, así describe: "El Parlamento de Inglaterra, asistido por gran número de gentes que a él se manifestaron y a él se adhirieron, fidelísimos en la defensa de la religión y de sus libertades civiles, juzgando por larga experiencia ser la realeza gobierno innecesario, agobiador y peligroso, la abolió justa y magnánimamente, conviniendo la regia sumisión en república libre, con maravilla y terror de nuestros vecinos émulos… El concierto relativo al rey no era tal que no estableciera diferencia entre él y Dios, o en sus términos prometiera, como Job al Altísimo, confiar en él aunque nos matara. Pues bien sabía (el Parlamento) que el pueblo de Inglaterra es pueblo libre, y que le competía representar esta libertad”. Era aquel cuerpo representativo el conocido por “Parlamento Largo", inaugurado en 3 de noviembre de 1640; el cual ora activo, ora expectante, hubo de abarcar una guerra civil; la ejecución de Carlos I; la instauración de una república, única en la historia de Inglaterra; la dictadura de un antiguo ganadero, de cara purpúrea y abotagada, de gruesa alegría y voz desapacible, pero más temido y cortejado, según las crónicas, que ningún soberano de su tiempo; y finalmente la restauración de la monarquía. Casi veinte años de historia apasionada.