Areopagitica
Areopagitica Mas para satisfacción de los lectores que, con lÃcita curiosidad se hallaren en estado de ánimo parecido al del niño que habiendo oÃdo el episodio de Guillermo Tell y su hijo, acabó preguntando:—Y ¿quién se comió la manzana?—, convendrá decir que cuando Milton se hallaba decidido a nueva unión con dama de notable ingenio y belleza, un dÃa, en una visita a unos parientes, vino Mary, muy rendida, a postrarse ante él, en patética solicitud de reconciliación. Intercedieron los presentes y cedió Milton al arte persuasivo de aquel llanto. Y tal vez fueron felices; y, como en un cuento rosa, tuvieron tres hijas.