Areopagitica
Areopagitica En tal encendimiento, que no he de declarar por lo menudo antes que me fuere requerido, permaneceré sin mancilla como rebasare la alegrÃa y parabién que animan a cuantos desean e instan la libertad de su paÃs, de la que todo este considerado discurso habrá de ser a modo de testimonio, si no de trofeo. Porque no nos es dado esperar una libertad en cuyo trecho no se produzca motivo de queja en la república, ni convendrá que haya humano que la repute acaecedera; mas en oÃr francamente las quejas, en considerarlas hondamente y remediarlas con diligencia se halla el extremo lÃmite de la alcanzable libertad civil que buscan los avisados. De la cual cabe decir que si el propio sonido de lo que habré de pronunciar constituye prueba de que a ella arribamos (aun procedentes de tan descomedida desventaja como la tiranÃa y superstición hincada en nuestros principios antes de la virilidad de nuestra cobranza de Roma), ello ha de ser en primer lugar atribuido, como lo urge nuestra obligación, a la poderosa asistencia de Dios nuestro liberador, y luego a vuestra guÃa leal y nunca sojuzgada prudencia, Lores y Comunes de Inglaterra. Y no es en la estimación de Dios decrecimiento de Su gloria que las lenguas honren a varones justos y dignos magistrados: empeño que si ahora encentara yo, después de tan claro camino de vuestras encomiables hazañas, y tan larga obligación del reino entero a vuestras infatigables virtudes, con justicia fuera contado entre los más tardÃos, y el más remiso, entre quienes os alaban.