Areopagitica
Areopagitica Pues quien libremente magnifica lo noblemente puesto en obra, y no teme declarar con igual franquÃa lo que pudiera ser mejor logrado, a cabo lleva la mejor proeza de su fidelidad, por la cual su muy apegado afecto y su esperanza ponen cuidado en vuestros procederes. Su más descollada alabanza no es lisonja, y su más nudo consejo es una especie de alabanza. Porque aun si yo viniere a afirmar y a defender por alegato: que mejor lo pasaran la verdad, el saber y la república, si una de vuestras Órdenes promulgadas, que luego nombrare, quedara sin efecto, ello no dejará, por la misma ocasión, de redundar sobremanera en lucimiento de vuestro gobierno comedido y parejo, por cuanto este lance a las gentes particulares animará a pensar que más os complace el consejo de la ciudadanÃa, de lo que antaño a otros estadistas regalara verse adulados. Y advertirán los hombres qué diferencia separa la magnanimidad de un Parlamento terrenal, de aquella encelada altanerÃa de prelados y consejeros de gabinete, no ha mucho usurpadores, cuando os vieren más blandamente sufrir, entre vuestros éxitos y victorias, recusaciones escritas contra una orden votada, que lo que otras cortes, sin ningún fruto digno de memoria, salvo la flaca ostentación de riqueza, soportaran el menor ademán de disgusto ante cualquier edicto precipitado.