Areopagitica
Areopagitica Y supuesto que de tal suerte os hallareis en este ánimo, que os supiere a injuria no gozar de su crédito, no sé qué habrÃa de impedirme ofrendaros una ocasión de oportuno ejemplo, en que a la vez mostrárais el amor de la verdad que soberanamente profesáis, y la rectitud de vuestro juicio, no usado a la parcialidad consigo mismo; y ello mediante nuevo juicio de la Orden por vosotros dispuesta para la regulación de impresos: esto es, que ningún libro, folleto o periódico será estampado en lo sucesivo a menos que fuere de antemano aprobado y permitido por aquellos, o uno de los tales, a tal fin designados. En cuanto a la parte que justamente preserva a cada cual su ejemplar, o provee para los menesterosos, nada me toca decir; sólo deseara que no sirviera eso de excusa paca injuriar y perseguir a hombres honrados y laboriosos, en ninguno de ambos casos ofensores. Pero otra cláusula, la relativa a la necesaria licencia para los libros, que se nos antojaba con sus hermanas cuaresmal y matrimonial fenecida al extinguirse los prelados, será objeto de una homilÃa que acierte a exponeros, primero, quiénes fueron los inventores de ella, que ha de halagaros poco reconocer; luego, qué deberá pensarse en general de la lectura, sean cuales fueren los libros; y que la Orden mencionada en modo alguno procura la supresión de libros difamatorios, subversivos y escandalosos, con ser este el objeto primordialmente considerado. Y, finalmente, que dicha Orden causará notable desaliento en la ciencia y paralización de la verdad, no sólo emperezando y mellando nuestras facultades en lo ya conocido, sino además desmochando y embarazando ulteriores descubrimientos que pudieran llevarse a cabo en sabidurÃa religiosa y civil.