El paraíso perdido
El paraíso perdido O visión de florecer vernal, o rosa del estío,
O rebaños, hatos, o la humana faz divina:
Sombras sólo y perdurable oscuridad
Me envuelven, apartado de las sendas jubilosas
De los hombres y, por libro bello del saber,
Gozando sólo universal blancura[145]:
Las obras de Natura desgajadas y borradas,
Y cerrada a cal y canto una entrada al conocer.
Brilla tanto más, celeste Luz, en mis adentros
Y la mente irradia en todos sus poderes,
Planta ahí los ojos, toda niebla de ese espacio
Purga y desperdiga, que vea y hable yo
De cosas invisibles al mirar mortal.
Ya el Padre Todopoderoso desde lo alto,
Desde el puro Empíreo donde tiene asiento,
Entronado sobre toda altura, inclinara el ojo
Para ver sus obras y las obras de éstas a su vez:
Sobre él las Santidades todas de los cielos
Se mostraban densas como astros, recibiendo de su vista
Beatitud inexpresable. A su diestra
La radiante imagen de su Gloria se sentaba,
Su Hijo Único[146]. En la Tierra vio primero
A los dos primeros Padres, los dos únicos aún
Del género humano, en aquel Jardín afortunado,
Cultivando frutos inmortales de amor y dicha,