El paraíso perdido
El paraíso perdido Dicha permanente, amor insuperable
En bendita soledad. Después Dios escrutó
El Infierno y la Sima en medio, y Satán allí,
Bordeando el muro celestial, del lado Noche,
En sublime aire oscuro, y listo ya
A descender con ala exhausta y pie dispuesto
Al desnudo Orbe de este mundo, parecido
A tierra firme, guarecida sin su firmamento,
Incierto el dónde: si en océano o en aire.
Viéndolo pues Dios desde la alta perspectiva
Que el pasado y el presente y el futuro exhibe,
A su Hijo Único, presciente, dijo:
«Único Hijo concebido, ¿ves tú qué cólera
Transporta al Adversario[147], que ni límites
Prescritos, rejas del Infierno, todas las cadenas
Apiladas sobre él, ni tampoco el vasto Abismo
Con su sima grande encierran? Tan resuelto se diría
A fanática venganza, que habrá de recaer
En su cabeza sublevada. Y ahora,
Suelto ya de todas sus prisiones, vuela
No muy lejos de los Cielos, por distritos de la luz,
Directo al mundo de creación reciente
Y al hombre ahí plantado, con propósito de acometerlo,