El paraÃso perdido
El paraÃso perdido Si destruirlo puede por la fuerza o, peor,
Con falsas mañas pervertirlo; y asà lo hará.
Pues el hombre escuchará sus tretas halagüeñas
Y pronto quebrará el solo Mandamiento,
Sola prenda de obediencia: asà caerá
Él y su infiel progenie: ¿y de quién la falta?
¿De quién, sino la suya? Tuvo de mà el ingrato
Todo cuanto pudo; justo y recto yo le hice,
Bien capaz de resistir, mas libre de caer.
Asà creé a todos los etéricos Poderes,
Los EspÃritus, los que aguantaron o cayeron:
Libre aguantó quien aguantó, libre quien cayó.
Sin libertad ¿qué prueba me darÃan, leal,
De alianza verdadera, fe constante, o de amor,
Si sólo lo obligado, pero no lo deseado,
Estuviera a su alcance? ¿Qué elogio les darÃamos?
¿Qué placer tendrÃa yo en obediencia semejante,
Si la voluntad y la razón (razón también es elección)
Inútiles y vanas, de autonomÃa exentas ambas,
Y pasivas ambas, han servido a la necesidad,