El paraÃso perdido
El paraÃso perdido Libre aguantó quien aguantó, libre quien cayó.
Sin libertad ¿qué prueba me darÃan, leal,
De alianza verdadera, fe constante, o de amor,
Si sólo lo obligado, pero no lo deseado,
Estuviera a su alcance? ¿Qué elogio les darÃamos?
¿Qué placer tendrÃa yo en obediencia semejante,
Si la voluntad y la razón (razón también es elección)
Inútiles y vanas, de autonomÃa exentas ambas,
Y pasivas ambas, han servido a la necesidad,
No a mÃ? De este modo, como era recto,
Tal se les creó y no pueden con justicia incriminar
A su Hacedor, su hechura, o su destino,
Cual si su albedrÃo la predestinación
Les revocase, implantada por Decreto irrefutable
O Presciencia magna: ellos mismos decretaron
Su revuelta, no yo[19].