El paraíso perdido
El paraíso perdido Y bajo qué tormentos peno en mis adentros:
Mientras ellos me veneran en el Trono del Infierno
Con diadema y cetro enaltecido,
Más abajo caigo y soy supremo sólo
En la miseria: gozos tales la ambición te porta.
Mas digamos que pudiese arrepentirme
Y obtener por Gracia mi anterior estado; pronto
Mi altura evocaría altiva idea y qué pronto
Negaría los fingidos juramentos, recusando la molicie
Votos hechos en dolor, por vacuos y forzados.
Pues jamás habrá conciliación sincera
Donde el mortal desprecio hirió tan hondo:
Lo que haría de mí mayor relapso
Y más grave la caída, pagando cara así
La corta intermisión con doble daño.
Esto sabe mi castigador; tan lejos él por ello
De otorgar, cual yo de suplicar, la paz:
De esperanza nada, pues: he aquí, en lugar
De nosotros, los proscritos, Su deleite nuevo,
La creada humanidad y para ella el mundo.
Esperanza, pues, adiós; y contigo adiós al miedo,
Adiós remordimiento: todo bien lo pierdo;
Mal, sé tú mi bien; por ti al menos