El paraíso perdido
El paraíso perdido De la esposa de Tobías lo alejó, mandándolo frenético
Desde Media hasta el Egipto, su prisión.
Ya hasta el cerro aquel de fiera escarpadura
Satán llegara, lento y pensativo.
Pero más camino allí no vio, tan densa e intrincada,
Cual único matojo prolongado, era la espesura
Ya de arbusto o tortuosa zarza que cegaba
Toda senda para hombre o bestia que pasara.
Una Puerta sólo había, que miraba al este
Al otro lado: pero la debida entrada
El Archifelón desdeña y, ya rabioso,
De un solo, fácil salto, sobrepasa todo cerco
De montaña o muro inmenso y justo dentro
Cae de pie. Como cuando lobo al acecho,
Al que el hambre lleva a predios nuevos a cazar
Y observa dónde los pastores arredilan los rebaños,
Al ocaso en la majada, en mitad de campos resguardados,
Salta fácilmente el vallado del redil;
O cual ladrón dispuesto a desbolsar
A algún burgués adinerado, cuyas puertas sustanciales,
A cal y canto bien cerradas, no intimida asalto,