El paraíso perdido
El paraíso perdido Que en bella nube vespertina, o arco húmedo[181],
Cuando Dios la tierra riega; tan precioso parecía
Aquel paisaje: y de aire puro, y más puro ahora
Su avanzar recibe, inspirando al corazón
Vernal deleite y gozo, bien capaz de suprimir
Tristeza toda, menos desespero: ahora ráfagas gentiles
Desplegando sus fragantes alas distribuyen
Los indígenas perfumes y susurran al hurtar
Los balsámicos botines. Tal ocurre a navegantes
Más allá del Cabo de Esperanza[182] y pasado
Mozambique: vientos soplan en el mar del noroeste
Que desde la costa azafranada de Arabia la Bendita
Traen sabeo aroma[183], y aquéllos complacidos
En su curso se demoran, y animado muchas leguas
Por la grata emanación sonríe el viejo Océano.
De este modo rezagaba la dulzura de la brisa
Al Demonio, del lugar la maldición,
Aunque más placía aquel olor que a Asmodeo[184]
El del pescado que, si bien enamorado,