El paraíso perdido
El paraíso perdido Desde Haurán[186] al este hasta las regias torres
De la gran Seleucia, erigida por los reyes griegos,
O donde mucho antes edenitas habitaron
En Telasar: en este plácido terreno
Su aún más plácido Jardín fijó el Señor;
De aquel fecundo suelo hizo que surgiese
Toda clase de árbol noble para el ojo, gusto, olfato;
Y en mitad de todos ellos, prominente,
Daba el Árbol de la Vida frutos ambrosiales
De oro vegetal; y al lado de la Vida,
Muerte nuestra, el Árbol de la Ciencia ávido crecía,
Conocer del Bien pagado caro conociendo mal.
Hacia el sur cruzando Edén corría un vasto río[187]
Y, sin mudar el curso, el tupido monte
Atravesaba absorto por debajo: Dios formara
La montaña y su Jardín bien altos
Sobre aquella rápida corriente que, por venas
De porosa tierra reclamado con amable sed,
Surgía como fresca fuente y con mil arroyos
Irrigaba aquel Jardín; de allí reunido descendía