El paraíso perdido
El paraíso perdido Por solana abrupta a encontrar el lecho subterráneo,
Que ahora de su fosco curso emerge
Y, dividiéndose en los cuatro ríos principales,
Corre disparejo, errando por famosos reinos
Y países numerosos cuyos nombres no diremos;
Pero sí mejor, si puede el arte referirlo,
Cómo de la fuente de zafiro los arroyos serpentinos,
Discurriendo sobre perlas fúlgidas y arenas áureas,
Con errancia sinuosa bajo sombras suspendidas,
Visitando cada planta, le llevaban néctar y nutrían
Flores dignas del Paraíso, que no arte fino producía
En parterres y curiosos vínculos, sino que la Natura fértil
Daba generosa en monte y llano y valle,
Tanto allí en campo abierto donde el Sol del alba
Calentaba, como donde sombras invioladas
Negrecían la fronda al mediodía: así este sitio
Era un rústico, feliz espacio de variado panorama;