El paraíso perdido
El paraíso perdido Daba altura al verde muro; cada flor hermosa,
Iris de cualquier color, jazmines, rosas,
Alto alzaban sus florales testas y tejían
Su mosaico; más abajo la violeta,
Azafrán de primavera y el jacinto en rica urdimbre
Recamaban el terreno, con más tonos que con piedra
De lujoso emblema. Otra criatura aquí,
Bestia, verme, insecto, pájaro, no entraba:
Tanto su respeto por el Hombre. En refugio más umbrío,
Más sagrado y apartado, ni siquiera de ficción,
Ni Pan durmió, ni Ninfa ni Silvano,
Ni Fauno[199] lo rondó. Aquí, en recóndito cobijo,
Con guirnaldas, flores, hierbas aromáticas,
Eva desposada ornó primero el tálamo nupcial,
Y los coros celestiales entonaron himeneo:
Día aquel que a nuestro padre el Ángel conyugal,
En bella desnudez más ataviada, se la trajo,
Más hermosa que Pandora[200], a quien los Dioses
Otorgaron tantos dones (demasiado parecida
En la desgracia), cuando al insabio hijo