El paraíso perdido
El paraíso perdido Así, aunque ignorados en la noche honda,
Su brillar no es vano y, aun si faltase el hombre,
Público tendría el cielo y Dios sus alabanzas,
Seres espirituales a millones vagan por la Tierra
Inadvertidos, ya velemos, ya durmamos.
Todos ellos con perpetua loa Sus obras miran
Día y noche: qué a menudo desde risco
De ecoante monte o espesura hemos escuchado
Voces celestiales a los aires de la medianoche,
Solas, o en respuesta a ajenas melodías
Y cantando al gran Creador: en bandas muchas veces
Al hacer la guardia o sus nocturnas rondas,
Con celeste toque de sonido instrumental
Unidos en perfecta sinfonía, su cantar
La noche parte y nuestras mentes sube al Cielo».
Así charlando de la mano, solos, fueron
A su nido placentero; era éste un sitio
Escogido por el magno Jardinero, cuando hizo
Toda cosa grata para el hombre; la techumbre,
Muy tupida, era sombra entretejida
De laurel y mirto, y de hojas firmes y fragantes
aún más altas; ambos lados hechos
Con acanto y cada mata perfumada