El paraíso perdido
El paraíso perdido Se acostaron lado a lado. Y no ignoró, supongo,
Adán a su esposa bella, ni Eva rechazó
Los ritos misteriosos del connubio,
A pesar de lo que hipócritas austeramente dicen
Del lugar, la inocencia y la pureza,
Declarando impuro lo que Dios proclama
Puro, se lo manda a algunos y permite a todos.
Nos ordena el Hacedor multiplicarnos, la abstención
El Destructor, de Dios y Hombre el adversario.
Salve, desposado Amor, ley misteriosa, fuente real
De prole humana, sola propiedad en el Paraíso
Donde todo lo demás es colectivo.
Tú el adúltero deseo extirpaste de los hombres,
Que quedara entre las bestias, y tú por vez primera
Diste a conocer, fundadas en razón,
Las relaciones afectivas, justas, puras y leales,
Y de padre, hijo, hermano todo buen querer.
Lejos, pues, de mí llamarte obscenidad, pecado,
O creerte inapto para el sitio más sagrado,
Fuente perdurable de domésticas dulzuras,
Cuyo tálamo el presente y el pasado afirman