El paraíso perdido
El paraíso perdido Al caer Satán, que derribó la insensatez
Y ahora nos lo torna, escapado de prisión
Con graves dudas sobre si tener por sabio
Al que inquiere qué insolencia aquí le trajo
Sin licencia de sus límites prescritos en el Tártaro;
Tan sabio juzga él volar de su dolor,
No obstante, y escapar de su condena.
Juzga pues así, presuntuoso, hasta que la cólera
En que incurres por volar tu vuelo afronte
Séptuple y a azotes tu saber devuelva al Tártaro,
Que no te instruyó mejor: pues no hay dolor
Que iguale cólera infinita provocada.
Pero ¿por qué solo? ¿Y por qué contigo
No ha venido suelto el Infierno todo? ¿El dolor
Es para ellos menos daño, menos para huir,
O es que tú lo aguantas menos? Valeroso jefe,
El primero en escapar del daño, si le hubieses dado
A tu tropa abandonada causa tal de vuelo,
No serías, quién lo duda, el único evadido».
A lo que el Demonio respondió con ceño duro:
«Que yo no aguanto menos el dolor, o si lo temo,
Ángel insultante, bien lo sabes: fui tu azote