El paraíso perdido
El paraíso perdido Y a quien diera Dios aquí morada venturosa?».
A lo que Satán con ceño desdeñoso:
«Gabriel, tenías tú de sabio fama en el Empíreo
Y tal yo te creía; mas pregunta así me deja en duda:
¿Vive acaso quien venere su dolor?
Pues hallado el modo ¿quién no huiría del Infierno,
Aun si condenado a él? Tú mismo, no lo dudo,
Y con audacia partirías a cualquier lugar,
El más lejano del dolor, en que poder cambiar
Molicie por tormento y compensar urgente,
Con deleite, el duelo: mi intención aquí.
Para ti no es argumento, pues conoces sólo el bien
Y no has gustado el mal: ¿la voluntad —refutas—
Del que nos amarra? Barras más seguras ponga
A sus Puertas Férreas, si quiere que sigamos
En la oscura reclusión: tal a tu pregunta hace.
El resto es cierto, me hallaron donde dicen;
Eso, sin embargo, no supone daño o violación».
Así Satán burlón. El Ángel militar, movido,
Con sonrisa a medias, desdeñoso replicó:
«Qué juez perdió el Empíreo de la sabiduría