El paraíso perdido
El paraíso perdido Al enclave del oeste donde aquellas guardias
Justo convergieran y formaban en reunida hueste,
Esperando nuevo encargo. A éstos su adalid
Gabriel se dirigió vibrante desde el frente:
«Oh amigos, oigo el paso de pies ágiles
Apresurados hacia aquí y vislumbro ahora
A través de aquellas sombras a Zefón e Ithuriel
Y con ellos a un tercero de aire regio,
Mas marchito en esplendor, y que parece por el paso
Y porte fiero el Príncipe de los Infiernos:
De aquí no partirá sin lucha, pienso;
Manteneos firmes, que sus ojos retan».
Apenas terminara cuando aquellos dos llegaron
Y dijeron breves quién portaban, dónde hallado,
Qué tramaba, en qué forma y qué postura acuclillado.
Con mirada áspera Gabriel así le habló:
«¿Por qué, Satán, los límites has roto puestos
A tu transgresión y perturbado el quehacer
De otros, que no admiten transgredir
Según tu ejemplo y tienen el derecho y el poder
De cuestionar tu entrada en este sitio,
Pretendiendo, tal parece, vulnerar el sueño