El paraíso perdido
El paraíso perdido Cuando nadie mira; vela el Cielo, todo ojos,
Contemplándote, ¿y a quién sino al capricho de Natura,
En cuya imagen toda cosa se complace,
Arrobada por seguir mirándote?”.
Me levanté cual si llamases, sin hallarte,
Y por hallarte dirigí mis pasos luego;
Y creí pasar a solas por senderos
Que de pronto me llevaron a ese Árbol
De prohibida Ciencia: muy hermoso parecía,
Más hermoso en sueños que de día;
Y mientras lo miraba con asombro, cerca había
Uno con figura y alas como ésos de los Cielos
Que a menudo vemos; sus rorantes aladares
Destilaban ambrosía; también el Árbol él miraba;
Y “Oh hermosa planta —dijo— abundante en fruto,
¿No hay nadie que tu peso alivie y pruebe tu dulzor?
¿Ni Dios, ni hombre? ¿Tanto se desdeña el conocer?
¿O envidia, o reserva alguna, vedan degustarte?
Védelo quien quiera, que ninguno ha de privarme más
De tus presentes: ¿qué harías tú aquí, si no?”.