El paraíso perdido
El paraíso perdido En agosto de 1642, la Inglaterra puritana, la más irreductiblemente protestante, se levantó en armas bajo bandera parlamentaria contra su rey Carlos I Estuardo, cuya política absolutista lo había llevado a la confrontación con el Parlamento y cuyo apoyo a las impopulares reformas eclesiásticas y doctrinales de William Laud lo hacían aparecer ante sus súbditos como un monarca procatólico o incluso criptocatólico. Milton, que para entonces está cerca de cumplir los 34 años (había nacido el 9 de diciembre de 1608) se alinea claramente con los parlamentarios (los roundheads o «cabezas redondas», por el modo de cortarse el pelo de muchos de ellos en desprecio de las rizadas melenas nobiliarias) contra el partido monárquico (los cavaliers, del español caballeros, lo que aludía al supuesto favor de la corte hacia las costumbres católicas hispánicas). Es un periodo de ebullición de las sectas milenaristas y de las utopías apocalípticas; es un periodo en que las gentes leen la Biblia en su lengua vernácula y buscan a través de la inspiración de las Escrituras un diálogo tan directo con su Dios como el de los antiguos profetas y patriarcas. Inglaterra se ha convertido en un nuevo Israel, elegida por Dios para preparar el Segundo Advenimiento de Cristo. Y cuando el 30 de enero de 1649 este pueblo reformado —triunfador en su guerra civil como lo fuera antaño el hebreo en las guerras de Yahveh— decapite al Estuardo, habrá derribado la institución que fue la maldición del antiguo Israel e inaugurado una era tan igualitaria como imagina que fue el periodo bíblico de los Jueces.