El paraíso perdido
El paraíso perdido Las dóciles rodillas? No vosotros, si sois
Como creo, o vosotros mismos os tenéis
Por Hijos y habitantes de un Empíreo que nadie
Poseyó; y si iguales no lo sois, libres sí
Y libres por igual: pues órdenes y rangos
No desdicen libertad, sino la afirman.
¿Quién, entonces, puede con razón o por derecho
Asumir la Monarquía sobre quienes por derecho
Son iguales suyos, si menores en poder y en esplendor,
En libertad iguales? ¿O tiene que imponernos
Ley y edicto, a nosotros que sin ley
No erramos y, más aún, ser Dueño nuestro,
Esperando adoración y degradando
Estos Regios Títulos que nos declaran
Hechos para imperio, no servicio?”.
»Hasta aquí su audaz discurso fue escuchado
Sin control; mas, entre aquellos Serafines,
Abdiel, de quien ninguno superaba su fervor
A la Deidad y sumisión a sus mandatos,
Se alzó y en llama de fervor severo
Al torrente de su furia así se opuso:
»“¡Oh blasfema alegación, mendaz y altiva!
Cosas que jamás pensó escuchar el Cielo
Y de ti, ingrato, todavía menos,
En lugar tan alto por encima de tus Pares.