El paraíso perdido
El paraíso perdido Al lugar de su tormento, el Tártaro,
El Pozo que, dispuesto, abre anchoso ya
Su Caos de fuego a su despeño”.
»Así habló la Voz Augusta y nubes empezaron
A cubrir el Monte entero y humo a revolverse
En oscuras espirales, llamas fieras, signo
De despierta cólera. Con igual espanto la potente
Etérica trompeta resonó en lo alto
Y a su orden los poderes militantes
Que luchaban por el Cielo, en cuadro fuerte
De unidad irresistible, avanzaron en silencio,
Todas sus legiones, al sonido
De armonía instrumental que ardor heroico
Infundía, ansia de valientes gestas
Bajo líderes divinos en la causa
Del Señor y su Mesías. Y avanzan, pues,
Indisolublemente firmes: ni patente monte,
Ni cañón angosto, bosque o río descompone
Sus perfectas filas: por encima del terreno
Marchan y el pasivo aire aguanta
Su ligero paso. Como cuando todo pájaro
En formación según su especie vino al vuelo,
Al Edén llamado, a recibir de ti
Su nombre, así por muchas tierras fueron
Del Empíreo y por innúmeras provincias vastas
Diez veces el tamaño de este suelo; por fin,