El paraíso perdido
El paraíso perdido La indignación de Dios vertida por mi mano
Sobre estos indevotos. Porque no a vosotros,
Sino a mí desprecian; contra mí su envidia y rabia,
Porque el Padre, a quien en el supremo Cielo
El Poder y Gloria y Reino pertenecen,
Me ensalzó según su voluntad.
Por ello a mí me asigna su condenación:
Que cumplan su deseo de probar conmigo
En la batalla quién domina, si ellos todos
O yo solo contra todos, ya que miden todo
Por la fuerza mientras otras excelencias
Las desdeñan, no importándoles la ajena alteza:
Otra guerra pues no habré de darles”.
»Así habló el Hijo y en terror cambió
Su rostro, muy severo para ser mirado
Y de rabia lleno contra tales enemigos.
Al tiempo aquellos Cuatro alas desplegaron esteladas
De terrible sombra inconsútil, y los orbes
De su Carro atroz rotaron como con ruido
De corrientes torrenciales o hueste numerosa.
A sus impíos enemigos atacó directo,
Lóbrego cual noche; bajo sus ardientes ruedas
El Empíreo inalterable trepidó de extremo a extremo,