El paraíso perdido
El paraíso perdido Mas ¿qué señales al altivo le convencen?,
¿Qué milagros rendirán al obcecado?
Más los ofuscó lo que mejor podía rescatarlos:
Pues doliéndoles su gloria, al mirarla
La envidiaron, y aspirando a su excelencia
Se rearmaron fieramente, decididos a medrar
Por fraude o fuerza e imponerse al fin
A Dios y su Mesías, o a caer
En la postrera ruina universal. Y ahora
Al combate decisivo se aprestaron, repudiando huida
O la débil retirada, cuando grande el Hijo del Señor
A su hueste toda a cada mano dijo:
»“En brillante formación aquí quedad, oh Santos,
Aquí vosotros hoy, oh Ángeles armados, descansad.
Fiel ha sido vuestra lucha y Dios la acepta,
Valerosa, destemida, en su causa justa,
Y tal cual recibisteis, realizasteis
Invencibles. Pero de esta multitud maldita
El castigo a otra mano pertenece: de Dios
Es la venganza, o de aquel a quien la encarga.
Números no exige el acto de este día,
Ni tampoco muchedumbres: sólo pues mirad