El paraíso perdido
El paraíso perdido Al combate fue: desde lejos fulgurante su llegada;
Y se vieron veinte mil (el número oí contarse)
Carros del Señor, a cada lado la mitad.
Él en alas de Querube cabalgaba formidable,
Sobre el cielo cristalino, en zafiro entronizado,
Luminoso ilimitadamente, mas primero visto
Por los suyos. Dicha inesperada les sorprende
Cuando el estandarte del Mesías brilla alto,
Signo suyo celestial portado por sus Ángeles;
Y a este liderazgo el gran Miguel reduce pronto
Todas sus legiones, esparcidas por las alas,
Formando un solo cuerpo bajo única Cabeza.
El Poder Divino su camino le prepara por delante:
A sus órdenes los montes desgajados vuelven
A su encaje cada cual: su voz oyeron y marcharon
Obsecuentes: recobró el Empíreo su faz habitual
Y frescas flores en los montes y los valles sonrieron.
Esto ven sus enemigos desdichados, mas tenaces
A la lucha conjurada predisponen sus milicias,
Insensatos, que del desespero gestan esperanza:
¿Y en Espíritus celestes cabe tanta perversión?