El paraÃso perdido
El paraÃso perdido De la diestra de la Gloria donde estaba
Y el tercer Amanecer sagrado comenzó a brillar,
Aurorando todo el Cielo. Rápido partió atorbellinado
El Carro de la Paternal Divinidad[244],
Emitiendo llamas densas, rueda en rueda, no arrastradas,
Mas de espÃritu dotadas y escoltadas
Por las cuatro formas QuerubÃnicas: y cuatro rostros
Cada cual tenÃa milagrosos y los cuerpos estelados
Y alas que poblaban ojos, ojos en las ruedas
De berilio, y entre medio fuegos vigorosos.
Sobre sus cabezas, un hialino firmamento
Donde un Trono habÃa de zafiro, incrustado
De ámbar puro y colores arcoiris.
Con panoplia celestial armado por entero
De radiante Urim[245], obra de divina hechura,
Ascendió el MesÃas y a su diestra la Victoria
Aquilina se sentaba; junto a él pendÃa el arco
Y el carcaj, que truenos contenÃa trifulmÃneos,
Y surgÃa alrededor feroz exhalación
De humo y llamas cintilantes, con pavesas de terror.
Asistido por diez mil millares de sus Santos