El paraíso perdido
El paraíso perdido Mi gloria ésta, mi exaltación y todo mi deleite:
Que tú, del todo complacido en mí, tu voluntad
Cumplida digas, pues cumplirla es mi entera dicha.
El Cetro y el Poder, tus dones, yo los tomo
Y más contento aún te los restituiré cuando al final
Tú seas el Todo en todos y yo en ti
Por siempre, y en mí todos los que amas.
Pero al que odias, yo lo odio y visto
Tus Terrores como puedo revestirme de tu Gracia:
Imagen tuya en toda cosa; y enseguida he de librar,
De tu Poder armado, a los Cielos de rebeldes,
Arrojándolos a su mansión prescrita de tormentos,
A cadenas de tiniebla y el gusano imperecible,
Pues de tu obediencia justa se apartaron
Siendo obedecerte la felicidad absoluta.
Entonces ya tus Santos depurados, de impuros
Lejos, separados, rodeando el Monte Santo,
Cantarán sus aleluyas no fingidos, himnos
De alabanza grande, y entre ellos yo el primero”.
Esto dijo, doblegándose ante el Cetro, se levanta