El paraíso perdido
El paraíso perdido Este compromiso entre razón emergente y la religión tradicional es sintomático del periodo. En este alborecer del racionalismo, la razón, todavía demasiado insegura para prescindir de las certezas de la era religiosa que está dejando atrás y todavía bajo la autoritaria presión de las Escrituras, incorpora a su lienzo del mundo los viejos mitos, no sin una buena dosis de fricción que irá acentuándose a medida que la razón avance cobrando confianza en sí misma y en su propio método. Es aquí, al asumir el elemento irracional del mito veterotestamentario de la caída del hombre y pretender racionalizarlo, donde el poema de Milton choca con lo intransformable del lastre supersticioso que arrastra la razón emergente. El Padre es en Paraíso perdido el intento (fallido) de racionalizar ese elemento supersticioso.