El paraíso perdido
El paraíso perdido Hierba verdeciente, hierba gestadora de semilla,
Y árboles frutales que den fruto por familias:
Su semilla germinante yace en tierra”.
Apenas lo hubo dicho cuando la desnuda tierra
Hasta entonces nuda y yerma, fea e inadornada,
Generó la tierna hierba, cuya fronda engalanó
Su faz universal de plácido verdor; y luego
Plantas de diversa hoja, que de pronto florecieron
Desplegando sus colores y alegrándole
El seno con aromas gratos. Y brotadas éstas,
Enseguida florearon densas vides racimosas, y reptó
La henchida calabaza, se irguió la espiga
Por legiones en los campos; aún la mata humilde añade
Y el arbusto crespo enmarañado. Últimos
Se alzaron, como en danza, los solemnes árboles
Y sus ramas extendieron con copioso fruto, o yemas
Como gemas[255]. Altos bosques las montañas coronaron,
Céspedes los valles y los lados de las fuentes,
Las ribas las corrientes. Esa tierra ahora
Cielo parecía, un lugar que Dioses habitaran
O con gusto recorrieran, complacidos de rondar
Sus santas frondas: aunque Dios aún la tierra