El paraíso perdido
El paraíso perdido No regara y hombre que el terruño arase
No existía, de la tierra ya rorante niebla
Se levanta y baña todo el suelo y cada
Planta de los campos, que antes de salir de tierra
Dios hiciera, y cada hierba antes de crecer
En verde tallo. Dios vio que era bueno,
Y la tarde y alba el Tercero de los Días cantan.
»De nuevo el Todopoderoso habló: “Haya luces
Altas en la vastedad del cielo que dividan
De la noche el día; y que sean las señales
De estaciones y de días y de años recurrentes;
Y que sean luminarias como yo lo ordeno,
Con misión allá en el firmamento de los cielos
De a la Tierra darle luz”; y fue así.
E hizo Dios dos grandes luces, grandes por su uso
Para el hombre, que el día gobernase la mayor
Y alterna la menor la noche; y estrellas hizo,
Y las prendió en el firmamento de los cielos,
Que la Tierra iluminasen, el día gobernasen
En su vicisitud, y la noche gobernasen,
De tinieblas separando luz. Vio Dios,
Al revisar su magna Obra, que era buena:
Pues de los celestes cuerpos él primero el Sol
Como esfera poderosa lo formó, sin luz primero,