El paraíso perdido
El paraíso perdido Aunque de molde etéreo; después formó la Luna
Orbicular, y toda magnitud de estrellas,
Y sembró de densos astros el cielo como un campo:
De Luz tomó la parte más inmensa,
Trasplantada de su templo nebuloso, y la emplazó
En la solar esfera, hecha permeable para recibir
Y embeber luz líquida, y firme para retener
Los haces de sus rayos: gran palacio ahora de Luz.
Acudiendo ahí como a su fuente,
Otros astros toman luz en urnas áureas
Y ahí sus cuernos el Planeta Matutino[256] dora;
Por tintura o reflexión aumentan ellos
Su pequeña propiedad, si bien la humana vista
Los percibe muy remotos y con mengua.
Primero en su este la gloriosa Luminaria apareció,
Regente diurnal, y todo el horizonte alrededor
Vistió de rayos fulgurantes, jubilosa al recorrer
Su longitud por la gran vía celestial: la gris
Aurora, y así las Pléyades, danzaron ante él
Vertiendo dulce influjo. Menos fúlgida la Luna,
Pero opuesta en el oeste paralelo, fue prendida