El paraíso perdido
El paraíso perdido Tú te aprenderás sus caracteres; nombres les darás
Que no merecen repetirse. Y no desconocida
La serpiente, la alimaña más sutil del campo,
Colosal a veces, de ojos insolentes
Y terrífica melena hirsuta, aunque no nociva
Para ti y obediente a tu llamada.
Ahora el cielo fulguró en inmensa gloria, y giró
Con el impulso que la mano del Primer Moviente
Imprimió a su curso. Sonrió la Tierra engalanada
Y supremamente bella; en el aire, agua, tierra,
Vuelo, nado, marcha, de ave, pez y bestia,
Abundaban, mas el Sexto Día todavía no acabara.
Faltaba aún la obra culminante, el fin
De todo lo ya hecho: una criatura que, no prona,
Bruta, cual las otras criaturas, sino con santidad
Dotada de razón, pudiese levantar
Su envergadura y tiesa, con la faz serena,
Gobernar al resto, de sí consciente,
Y magnánima por ello para el trato con el Cielo,
Mas capaz de gratitud al descender su bien,
Y allí su corazón, su voz, sus ojos