El paraíso perdido
El paraíso perdido Y continente, el fluvial caballo[260] y escamoso cocodrilo.
A la vez surgió lo que se arrastra por el suelo,
El insecto y el gusano: unos sus ágiles ventalles baten
Como alas, sus minúsculos precisos lineamientos
Ya en todas las libreas del orgullo del verano
Con sus motas de oro y púrpura, azur y verde;
Estos otros como línea extienden su largura
Y con trazo sinuoso el suelo rayan: no son todos
Pequeñeces de Natura; los hay de especie serpentina,
De largor inmensa y corpulencia, adujados
En anillos culebrosos y con alas añadidas. La primera
Fue frugal la hormiga, previsora del futuro:
En recinto parco ancho corazón posee,
Y modelo —acaso luego— de justicia equitativa,
En sus tribus populares agrupada
De plebeyas gentes. Enjambrada apareció después
La abeja, que alimenta a su marido zángano
Exquisita y construye sus celdillas céreas
Con depósito de miel. Innúmero es el resto;