El paraíso perdido
El paraíso perdido Dondequiera que te hiciera, pues ningún lugar aún
Se distingue por el nombre, luego, como sabes,
Al Jardín te trajo delicioso, este parque,
Ya poblado por los árboles de Dios,
Para el gusto y la mirada deliciosos por igual;
Y, liberal, te dio por alimento todo fruto grato
—Toda suerte hay aquí de todo el Mundo—,
Variedad sin fin. Mas del árbol que gustado
Da del bien y el mal la ciencia, de ése
Abstente; pues el día que lo pruebes, mueres.
Muerte es la pena impuesta, ¡cuida!,
Y gobierna tu apetito bien, no sea que el Pecado
Te sorprenda, y su oscuro servidor la Muerte.
Terminó aquí Dios, y todo lo que hiciera
Contempló, y vio todo enteramente bueno.
Así la tarde y alba el Sexto Día culminaron:
Mas no antes de dejar el Creador su Obra,
Aunque no cansado, y tornar a las alturas,
Al Cielo de los Cielos, su morada excelsa,
Para contemplar su nuevo mundo desde allí,
Este complemento de su Imperio, cómo se veía
Desde el Trono, cuán hermoso, cuán propicio,
Cuánto respondía a su Idea grande. Cabalgó a lo alto,
Escoltado por aclamaciones y el sonido
Melodioso de arpas a millares entonando