El paraíso perdido
El paraíso perdido Angélicas cadencias; y la tierra, el aire
Resonaron (tú te acuerdas, pues lo oíste),
Y los cielos, todas las constelaciones repicaron;
Los planetas en sus puestos a la escucha se tuvieron,
Mientras la brillante pompa ascendía jubilosa.
“Abríos Puertas sempiternas —entonaban—
Abre, oh Cielo, tus vivientes Puertas; deja entrar
Al gran Creador, que ya de su Obra torna
Excelente, sus Seis Días de creación, un mundo;
Abríos y desde ahora, asiduas; porque Dios
Visitará frecuente las moradas de hombres justos,
Complacido, y con sólito intercambio
Sus alados mensajeros allí les enviará,
Con recados de superna gracia.” Tal cantaba
El glorioso séquito ascendiendo. Él por el Empíreo,
Que abrió de par en par sus Puertas fúlgidas,
Dirigió la marcha a la Casa Eterna del Señor
Por una vía anchosa, cuyo polvo es oro
Y por pavimento tiene estrellas, las estrellas
Cual las ves en la Galaxia, esa Vía Láctea
Que en la noche ves girar: espacio salpicado