El paraíso perdido
El paraíso perdido Portándote tranquila con el terso aire alrededor,
No inquietes tu pensar con recónditas cuestiones:
Queden para Dios arriba, tú a él sirve y teme.
De otras criaturas, como más le plazca,
Dondequiera que emplazadas, deja que disponga:
Tú disfruta de sus dones, este Paraíso
Y tu Eva hermosa; mas el cielo tú muy alto tienes
Para comprenderlo; humilde sabio sé:
Piensa sólo lo que a ti y tu ser concierne;
Otros mundos no los sueñes, ni qué criaturas
Los habiten, en qué estado, condición, o grado;
Date por contento con las cosas ya explicadas,
Y no sólo de la Tierra, sino así del sumo Cielo».
A lo que Adán repuso, libre ya de dudas:
«Bien me has satisfecho, pura
Inteligencia celestial, Espíritu sereno,
Rescatándome de confusiones, enseñándome a vivir
De modo simple, sin perplejos pensamientos
Que interrumpan de la vida la dulzura; pues lejos
De ella ha puesto Dios toda ansiosa cuita,