El paraíso perdido
El paraíso perdido “No este bello marco sólo, sino la Tierra toda
A ti y tu raza os doy: cual Amos
Poseedla, y toda cosa que halléis vivir en ella,
O en los mares, o en el aire, bestia, pez y ave.
En signo de ello, cada bestia —observa— y pájaro
Según sus clases te los traigo, que reciban
De ti el nombre y lealtad te ofrezcan
Con humilde sujeción; lo mismo, entiende,
A los peces hace en su acuática mansión,
No llamados porque no podrían escapar
De su elemento para respirar el aire leve”.
En tanto así me hablaba, cada bestia y ave
Vi llegar de dos en dos: éstas inclinándose
Muy zalameras y los pájaros bajando al vuelo.
A su paso, les di nombre y entendí
Su natural, de tal conocimiento Dios dotó
Mi subitánea percepción: en éstos, sin embargo,
No encontré lo que creí querer aún,
Y a la Visión celeste le espeté atrevido:
»“¿Con qué nombre —pues superas a éstos tú
Y al hombre, o a cualquiera aún más grande,
Y trasciendes mi nombrar—, cómo puedo yo