El paraíso perdido
El paraíso perdido Adorarte, oh Hacedor del Universo
Y de todo el bien al hombre, para cuya holgura
Tan cumplidamente y con mano liberal
Has otorgado toda cosa, aunque veo
Que no hay conmigo quien comparta? Solo,
¿Qué ventura tengo, quién disfruta en soledad
O disfrutando todo, qué contento tiene?”.
Yo así, presuntuoso; y la Visión brillante,
Cual si más brillase sonriendo, respondió:
»“¿A qué llamas soledad? ¿No ves la Tierra
Llena de vivientes y variadas criaturas, y los aires
Saturados, seres todos que a tus órdenes
Acuden a jugar en tu presencia? ¿No conoces tú
Su lengua y hábitos? También conocen ellos
Y razonan fértilmente. Halla pues en ellos
Pasatiempo y reina bien: tu reino es grande”.
Así lo declaró el Señor Universal, y pareció
Así ordenarlo. Implorando yo permiso para hablar
Y con humilde ruego, así le repliqué:
»“No te ofendan mis palabras, Celestial Poder,
Mi Autor, oh sé propicio mientras hablo.
¿No me has hecho aquí tu substituto
Y formado éstos inferiores a mi estado?
Entre desiguales ¿qué adecuada sociedad