El paraíso perdido
El paraíso perdido Existirá, qué armonía o qué deleite genuino?
Pues éste ha de ser recíproco, en proporción debida
Dado y recibido; pero en la disparidad,
Intenso el uno, aún remiso el otro,
No podrán acomodarse y pronto han de probarse
Por igual tediosos. Hablo yo de compañía
Tal cual la querría, apta para compartir
Completo el racional deleite, en lo que el bruto
Del humano no es consorte. Gozan ellos
Cada uno con su doble: el león, pues la leona;
En parejas tan cabales los combinas.
Mas si pájaro con bestia, pez con ave,
No conversan, ni tampoco el mono con el buey,
Menos todavía pueden hombre y animal”.
Y el Todopoderoso respondió, no descontento:
»“Una cálida y sutil felicidad, advierto,
Para ti sugieres en lo que hace a la elección
De tus amigos y no probarás, Adán,
Placer, aun no faltándote, si solitario.
¿Qué piensas, pues, de mí y de este estado mío?
¿Te parezco en suficiente posesión
De dicha, o no? Yo, solo como estoy
Por toda eternidad, pues no conozco a nadie
Que sea mi segundo o semejante, menos aún mi igual.